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Lo informal es la nueva norma corporativa: las oficinas británicas cambian el código de vestuario

En lo informal es la nueva norma corporativa, las oficinas británicas redefinen el estilo laboral: la corbata cede su lugar al “smart casual” y la comodidad se impone como nuevo símbolo de profesionalismo.

La transformación laboral que comenzó con la pandemia sigue dejando huella, incluso en los detalles más visibles: la ropa. En el Reino Unido, lo informal es la nueva norma corporativa, y eso no solo refleja un cambio de estética, sino una evolución profunda en la forma de entender el trabajo, la productividad y el bienestar.

Según datos recientes de la plataforma Indeed, las menciones a vestimenta casual o “smart casual” en las ofertas laborales se dispararon con la llegada del trabajo remoto y la cultura híbrida. Lo que empezó como una adaptación temporal a la vida en casa terminó convirtiéndose en una nueva forma de cultura empresarial.

El fin del traje como uniforme

Durante décadas, el traje y la corbata simbolizaron autoridad y profesionalismo. Sin embargo, en las oficinas británicas de 2025, esa imagen ha cambiado por completo. Hoy, la prenda más representativa de la oficina podría ser una camisa suelta, unos vaqueros bien cortados o unas zapatillas limpias.

El cambio se aceleró durante los confinamientos por la Covid-19. Mientras millones de trabajadores pasaban sus días frente a pantallas desde casa, las fronteras entre lo profesional y lo personal se desdibujaron. Los pantalones de chándal y las camisetas reemplazaron a las faldas lápiz y los blazers. Lo sorprendente es que, una vez regresaron a la oficina, muchos no quisieron volver atrás.

En julio de 2025, el 3,3% de las ofertas de empleo en Reino Unido mencionaba la vestimenta informal, una cifra diez veces mayor a la de antes de la pandemia. En 2019, apenas el 0,2% de las vacantes hacía referencia a este tipo de código. Desde entonces, nunca ha bajado del 3%.

La expresión más popular entre las empresas es “dress for your day” (vístete según tu día): una filosofía que permite adaptar la ropa al tipo de tarea o reunión. Si hay clientes o presentaciones, se opta por algo más formal; si el día transcurre entre trabajo de oficina y videollamadas, la comodidad manda.

El impacto generacional y cultural

El auge de la informalidad laboral no puede explicarse solo por la pandemia. Detrás hay un cambio más profundo impulsado por la Generación Z y los millennials, quienes están remodelando la cultura empresarial a medida que asumen más posiciones de liderazgo.

Estas generaciones priorizan la autenticidad, la flexibilidad y el bienestar sobre la rigidez de los códigos tradicionales. Ven la ropa no como una armadura de éxito, sino como una expresión de identidad. Para ellos, un entorno laboral moderno debe permitirles ser ellos mismos sin necesidad de disfrazarse.

La influencia del sector tecnológico ha sido clave. Silicon Valley marcó tendencia hace años con su estilo relajado —sudaderas, camisetas y zapatillas— y su enfoque en la creatividad sobre la formalidad. Hoy, esa estética se ha extendido a otros ámbitos como el marketing, los medios o la educación.

En palabras de los economistas de Indeed, Callam Pickering y Jack Kennedy, “una política de vestimenta casual dice mucho sobre la cultura corporativa. En un mercado laboral competitivo, ofrecer flexibilidad —incluso en la indumentaria— puede ayudar a atraer talento de primer nivel”.

Vestirse de comodidad y bienestar

Más allá de una cuestión estética, el cambio tiene una raíz emocional y psicológica. Durante la pandemia, la ropa se convirtió en un refugio. La doctora Abbey Bartosiak-Ison, especialista en ciencias del consumidor, explicó que el confinamiento hizo que las personas priorizaran la salud mental, la familia y la productividad por encima de la apariencia.

Esa mentalidad se trasladó a las oficinas. Hoy, el atuendo de trabajo ideal es aquel que favorece el bienestar y permite concentrarse mejor, no el que impresiona visualmente. Lo informal se asocia con un entorno laboral más humano, relajado y colaborativo.

Además, la ropa cómoda se ha vuelto símbolo de un cambio más amplio: la revalorización del equilibrio entre vida personal y profesional. En este contexto, vestirse para el trabajo ya no implica adoptar una identidad distinta, sino mantener la coherencia entre quién se es y lo que se hace.

Diferencias por sector y región

Aunque la tendencia es general, su adopción varía según la industria y la ubicación. Los datos de Indeed muestran que la vestimenta informal es más común en sectores como los cuidados personales, el marketing, los medios y la educación. Estos campos valoran la creatividad, la empatía y la comunicación, por lo que el aspecto visual tiende a ser más flexible.

En cambio, sectores más tradicionales, como las finanzas o el derecho, siguen manteniendo un estilo formal, especialmente en Londres. La capital británica registra la menor proporción de ofertas que mencionan vestimenta casual, apenas un 2,3%. Le siguen Escocia y el sureste de Inglaterra con cifras algo mayores.

Por el contrario, Irlanda del Norte lidera el cambio, con la mayor proporción de empleos que permiten vestimenta relajada. Le siguen el Noroeste de Inglaterra y las Midlands Orientales, donde el peso de los sectores creativos y tecnológicos es mayor.

Estas diferencias no solo reflejan el tipo de trabajo, sino también las actitudes culturales hacia la autoridad y la tradición. En el norte y en áreas rurales, la cercanía y la practicidad pesan más; en Londres, la formalidad aún se asocia con estatus y reputación.

De la oficina al trabajo híbrido

El trabajo híbrido es otro de los factores que explican por qué lo informal es la nueva norma corporativa. Al combinar días en la oficina con jornadas remotas, los empleados han desarrollado un nuevo código intermedio, que combina lo profesional con lo doméstico.

Ya no se trata de vestirse “para trabajar” sino de adaptarse al contexto. En casa, la prioridad es la comodidad; en la oficina, se busca un equilibrio: prendas sencillas pero presentables, sin la rigidez de antes. Este estilo híbrido ha dado lugar al auge del “smart casual”, una mezcla de lo elegante y lo relajado que define el nuevo estándar británico.

Incluso las marcas de moda laboral han tenido que adaptarse. Las colecciones se centran en tejidos más flexibles, diseños minimalistas y colores neutros, pensados para transitar del teletrabajo a la reunión presencial sin perder coherencia.

La cultura de la autenticidad

En el fondo, este cambio de vestimenta revela un cambio más profundo en los valores corporativos. La formalidad extrema solía transmitir autoridad; hoy, la autenticidad transmite confianza.

Las empresas que permiten códigos de vestimenta más relajados envían un mensaje claro: importa más el trabajo que la apariencia. Este tipo de políticas también reflejan culturas más horizontales, donde el liderazgo se basa en la colaboración y no en las jerarquías visuales.

Al final, vestirse de manera informal no significa descuidarse, sino alinear la imagen profesional con la personalidad y el contexto. Para muchos trabajadores, poder elegir cómo vestir es una forma de autonomía que fortalece su compromiso y su bienestar.

La informalidad como símbolo de cambio

El movimiento hacia una cultura laboral más flexible no parece tener marcha atrás. Según los economistas de Indeed, aunque el impulso inicial vino de la pandemia, hoy el cambio está sostenido por factores sociales y generacionales.

El futuro del trabajo será híbrido, diverso y, en buena medida, informal. Las oficinas ya no son templos de formalidad, sino espacios de colaboración donde la creatividad fluye mejor sin tacones ni corbatas.

Quizás lo más significativo es que, detrás de cada camiseta o par de zapatillas, se esconde una nueva forma de entender el éxito: menos apariencia, más autenticidad.

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